© 2017 Victor Almandoz

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Del Libro "La Clave de Aquel Milagro" de Víctor Almandoz

… una comitiva de alrededor de cincuenta hombres fuertemente armados, cabalga rumbo a La Rochelle, uno de los más importantes puertos de Francia aún en poder de la Orden de Temple. Son cuatro grandes carromatos con los documentos y valores de la Orden largo tiempo escondidos en Versailles, han escogido una ruta apropiadamente resguardada por miembros del Temple, la “Ruta Templaria”, donde al menos tendrán la seguridad de encontrar caballos de posta, descanso y comida.

El grupo avanza sin cesar por cuatro días y noches haciendo en promedio algo más de cien kilómetros por día, algo increíble, teniendo en cuenta que normalmente no se puede viajar más de sesenta kilómetros al día bajo las circunstancias de equipaje y caminos. Pero todos poseen una decisión inquebrantable, es la fuerza militar remanente de la Orden caballeresca más poderosa de Europa acarreando sus tesoros, pero en estos momentos su más preciado tesoro no es el oro o las joyas… son archivos secretos de la Orden, la conexión sagrada de Jesús a la Europa medieval, la conexión magica de María de Magdala a los antiguos mitos egipcios.

-Mi Señor, decidme, ¿cómo es posible que esté ocurriendo esta tragedia? Pregunta Bernard durante un pequeño descanso en un hostal de cambio de caballos. Bernard es un joven de unos veinte años, de buena familia ya que su tío es un hombre de mucha reputación en Francia. Tiene una contextura muy fuerte, pero en su cara se nota la inocencia de su temprana edad aunada a la gran ansiedad de exponer su vida por primera vez.

-Mi querido Bernard, siglos ha que la paz no es parte de la vida diaria en este continente, se inició con las cruzadas, y esa necedad cristiana de limpiar la Tierra Santa de infieles, ¡cuánta mentira! ¡Cuánta equivocación! Lo dices con tanto apasionamiento que las venas de tu cuello se hinchan.

-¿Acaso las cruzadas fueron un error?

-La primera cruzada fue una idea que el papa Gregorio VII tuvo alrededor de 1074, pero es su sucesor, el papa Urbano II quien la inicia oficialmente en 1096. Fue una aventura de locos con ambición desmedida, o quizás la de un grupo de soñadores con una idea equivocada de lo que realmente era el cristianismo, en ese entonces todo era de extremos, o eras ortodoxo o eras herético. Yo diría que lo hicieron más bien con la premeditada insolencia de expansión, poder y riqueza. Es una historia llena de la mezquindad más grande, de héroes derrotados y de miserias ignoradas. Lo trágico es que Urbano II nunca fue testigo del triunfo de esa primera cruzada, murió dos semanas después de la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillón, y las noticias no le llegaron a tiempo; paradojas de la vida, Bernard. El mismo Godofredo no pudo disfrutar mucho de su triunfo, murió un año después, a los cincuenta años de edad.

-Pero triunfamos sobre los musulmanes, Señor.

-Sólo se ganó la primera cruzada, y después hubo muchas derrotas matizadas por triunfos sin consecuencias. Y esa primera cruzada de la cual se ha dicho tanto, tuvo en realidad el triste inventario de la muerte de más de doscientos mil cruzados, y si deseamos tener una idea, pensad que en la Inglaterra de entonces había menos de tres millones de habitantes, entonces ya podréis imaginar la magnitud de ese desastre.

-Pero, ¿no hubo oposición de los otros reinos amigos, o quizás la búsqueda de alguna alianza en busca del triunfo?

-Peor, fue horroroso, ya que mientras toda esa masacre de inocentes sucedía, enviados de Roma viajaban en secreto hasta la lejana Mongolia para tratar de conseguir una alianza con nadie menos que con Gengis Khan para así tener nejores oportunidades de reconquistar Jerusalén. Imaginad mi querido Bernard lo que hubiera pasado si se logra esa alianza.

-No lo puedo creer. Dice Bernard con desasosiego.

-Toda la aparente gloria de esa primera cruzada se enlutó en un final terrible en el año de 1104. Perdimos la última batalla, la de San Juan de Acre. Después de un sitio de cuarenta y tres días el sultán Khalil permitió que sus soldados matasen o esclavizasen a sesenta mil prisioneros. Allí acabó parte de la fuerza templaria.

-Contadme señor, ¿allí terminaron las cruzadas?

-Desde 1095 hasta 1291 corrió la sangre en las tierras del Oriente, fue un terrible drama medieval, cruzada tras cruzada, viniera de donde viniera, con o sin la participación del Temple fue una sucesión de errores, fanatismos y derrotas. Los Hospitalarios que sobrevivieron a la matanza de Acre huyeron a Chipre, los Templarios fuimos expulsados de Asia, y después nos reorganizamos en Francia.

-Perdonadme mi Señor, pero aún tenemos poder, somos muy ricos, ¿verdad?

-¡Esa exactamente es la premisa equivocada Bernard! ¡Riquezas y poder! Fuimos propietarios de enormes cantidades de tierras por toda Europa, y nos convertimos en financistas. Cometimos errores tremendos, abusamos cargando intereses con usura desmedida. Por ello ahora tenemos que enfrentarnos a nuestros deudores, ahora enemigos, que son los mismos que nos ayudaron a crecer: el papa y la monarquía. La paradoja es tremenda, en cierta manera hemos ayudado al rey a encontrar las excusas que necesitaba.

-Pero con nuestras riquezas pudimos haber comprado más poder, e incluso desestabilizar la corona.

-Exactamente, o no lo hicimos o no pudimos, pero lo cierto es que el rey y el papa lo piensan, y por eso está ocurriendo lo que ahora sois testigo, se están protegiendo.

-Pero tenemos oro, ¿verdad?

-Atesoramos una gran riqueza, pero no sólo material, guardamos una herencia sagrada, conocida sólo por los más altos rangos de la Orden. Estábamos trabajando en diferentes niveles, por un mundo mejor que el actual, más allá de la comprensión de nuestros amigos y enemigos. Quizás sea ese el motivo que nos lleve a la tumba... trabajábamos y trabajamos por amor a la humanidad pero con un secreto muy grande a cuestas... el tiempo nos ganó.

-¿Qué es lo que realmente guardaos?

-Hay oro es cierto, pero ese oro se entrega a nuestros superiores ocultos. Hay plata, y esa plata que viene de un lugar más allá de los mares del occidente, se usa para acuñar monedas. Hay secretos pero secretos de los cuales sólo tenemos cuadros enormes con linajes de familias de las cuales no quedan muchos recuerdos. Pero hay algo que guardamos con mucho cuidado mi querido Bernard.

-¿Qué es mi señor?

-Es nuestra conexión Egipcia Bernard. Esa casi nadie la conoce, ya que hace siglos nuestras ceremonias fueron modificadas por la influencia de otras culturas, la de los pueblos del lejano oriente, por la de nuestras antiguas civilizaciones europeas, por la de los griegos y sobre todo por la de los judíos. Pero aunque yo no las haya visto, sé que existen pruebas de que el origen de todas las religiones, incluida la cristiana y judía se remonta a los orígenes del tiempo… a la de nuestros antepasados Egipcios y de ellos a las grandes civilizaciones perdidas de hace miles de años. Algún día esas verdades serán reveladas, pero ahora no es tiempo aun…