© 2017 Victor Almandoz

Pinellas Park, Florida, USA

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“Todos nosotros hemos estado presentes desde el principio Y todos estaremos presentes hasta el final… Ya conocemos toda la información…”

Este trabajo revisa, sin analizar profundamente por lo pequeño del espacio-tiempo dedicado a este objetivo, una de las maravillas de la humanidad a través de una pregunta que es pertinente a esta institución: ¿Fue Stonehenge un templo masónico? Para ello analizaremos brevemente este majestuoso emblema del pasado desde varias perspectivas: (i) arqueológica, (ii) astronómica, (iii) histórica, (iv) prehistórica (leyendas y mitos), (v) cosmológica y, (vi) masónica-filosófica. No se debe de eliminar ningún factor ya que al sacar a la superficie datos y símbolos esparcidos por doquier, éstos pueden despertar “verdades” escondidas en los resquicios de nuestro subconsciente, y aun cuando dichas “verdades” sean propias de nuestro muy personal desarrollo o estén sujetas a nuestros lógicos cambios evolutivos, definitivamente nos ayudarán a entender quiénes somos y dónde estamos.

La palabra Stonehenge, se puede dividir en dos: Stone-piedra y Henge-colgar, esto es “piedras colgadas”. Y así como los constructores de estas espectaculares construcciones megalíticas no han sido identificados, se calculan alrededor de 50,000 construcciones de este tipo ubicadas sólo en el oeste de Europa y el norte de África; principalmente en Bretaña, Irlanda, España, Portugal, Francia, Escandinavia y Argelia. Escribir sobre Stonehenge o sobre cualquiera de las maravillas arquitectónicas del mundo, llámense pirámides, templos antiguos, catedrales góticas o monumentos pétreos, es un desafío que debe de ser enfrentado con calma, mente abierta y sin prejuicios pero, sobre todo, prestando atención al espíritu guía en cada uno de nosotros, de lo contrario corremos el riesgo de que los caminos que se dejen involuntariamente entrever, se pierdan.

La Masonería enseña a dudar, por lo tanto nunca habrá una verdad permanente, nunca un maestro por siempre, nada será estático y todo cambiará y se transformará: he allí la belleza de nuestra orden. El que se queda repitiendo reiteradamente los mismos conceptos, se estancó, y lo que se detiene... muere. No olvidemos que la Masonería es un medio, no un fin, es una escuela en este camino llamado vida, y está allí para caminarla, entenderla. Esta magnífica escuela debe de ser aprovechada como lo que es: un mapa. La verdad es absoluta, pero en este mundo dual que nos tocó vivir no es posible verla por que la verdad es una, sin opuestos, cristalina e indefendible, inenarrable y obvia, nadie nos la puede contar o explicar ya que su entendimiento es personal. ES SIEMPRE UNA VERDAD INCOMPLETA. ¿Cuál es el método para empezar a entenderla? Honestidad, trabajo constante y un perdón inconmensurable más allá de toda aparente realidad; ése que nos dejará limpios de toda culpa y uno con el creador. Entonces empezaremos a ver y entender sin palabras, a través de la única forma en la que no hay opuestos: los símbolos.

(i) Apreciación Arqueológica. 
El Templo de Stonehenge no siempre estuvo constituido por piedras. En sus inicios fue sólo un foso y un terraplén circular cuya construcción se remonta al período Neolítico (3013 al 2920 a.C.). Alrededor del 2500 a.C. ya estaba constituido de estructuras de madera, pero sólo fue hasta la Edad de Bronce, época en que se inventaron las primeras herramientas y armas de metal, o sea entre 2200 a 2000 a.C., cuando Stonehenge ya era el templo de piedra más importante de Gran Bretaña. Toda esta información fue fechada usando el método del carbono.[1]

Este templo está construido por dos tipos de piedras: las correspondientes al círculo externo, que en su origen fueron 30 piedras equidistantes entre ellas, de centro a centro, en unos 3 metros, cada megalito con un ancho de unos 2 metros y una altura de 5 metros. El diámetro de este círculo externo es de más de 30 metros. Estas piedras fueron cortadas para acomodarse perfectamente en círculo y poseen salientes superiores para que las piedras superiores o dinteles encajen perfectamente. Solamente entre la piedra numero 30 y la número 1, que miran al noreste, la distancia es 30cms. más ancha que el resto, esto debido a que en el solsticio de verano el sol sale en esa dirección y se pone por el lado exactamente opuesto en el solsticio de invierno.[2]

Estas piedras externas con un peso superior a las 40 toneladas son denominadas “de sarsen”. El sarsen es una clase de piedra arenisca muy dura y se considera que fueron traídas desde Marlborough Downs, a una distancia de más de 30km al norte de Stonehenge. Las del círculo interno o piedras más pequeñas, son denominadas en su conjunto como “piedras azules”, por el color que las distingue, a pesar de que hay variaciones entre ellas. Su común denominador es que fueron traídas desde las colinas de Preseli en el oeste de Gales a más de 240km de distancia. Se calcula que hubo 59 piedras azules, algunas con un peso de hasta cinco toneladas.[3] ¿Cómo trajeron estas dos clases de piedras a la llanura de Salisbury y para qué?

(ii) Apreciación Astronómica.
Fue en 1901 cuando Sir Norman Lockyer, un eminente astrónomo y científico, fundador y, por 50 años, editor de la revista Naturaleza, descubridor del Helio y estudioso de los templos Griegos y Egipcios, puso su atención en Stonehenge, el cual tenía la mayor significación astronómica entre todos los monumentos británicos. Sus conclusiones, publicadas en 1906 decían que éste y otros lugares prehistóricos fueron construidos para marcar la salida y puesta del sol, así como el tránsito de las estrellas que preceden la salida del sol. Este fenómeno ocurría en los primeros días del mes, entre el equinoccio y el solsticio, es decir al principio de Mayo, Agosto, Noviembre y Febrero. Posteriormente fueron tomadas y asimiladas por los Celtas como su principal festividad. Sir Norman Lockyer sostuvo que dichos eventos astronómicos fueron la herencia de los constructores de estos megalitos, Otras piedras estaban arregladas para marcar las estrellas de la noche, esto es, para conocer la hora durante las largas noches de los inviernos europeos o para cronometrar sus ritos nocturnos.[4]

Gerald S. Hawkins, profesor de astronomía de la Universidad de Boston, era de origen inglés. Cuando volvió a su país para dedicarse a otros menesteres, se estableció en Larkill, cerca de Stonehenge. Lo visitó como lo hacen cada año 300,000 turistas y allí nació un nuevo interés y se convirtió en arqueólogo. Más tarde, en 1965, publicó su primera obra, “Stonehenge Decoded”, confirmando que aquellas hileras de piedras constituían un observatorio astronómico complejo. Hawkins hizo uso de un computador, al que bautizó con el nombre de “Oscar” y al cual proporcionó todas las alineaciones posibles de Stonehenge, y todas las posiciones claves de los principales cuerpos celestes: Sol, luna, planetas, estrellas. “Oscar” empezó pues, a señalar lo que veía en el cielo, en tal mes, en tal día, a tal hora, entre tal y cual megalito. El resultado fue sorprendente: Se encontró que Stonehenge permitía registrar todas las posiciones significativas de la Luna, y del Sol, y seguir sus variaciones estacionales. [5]

Pero en Stonehenge hay algo más que megalitos: los constructores que levantaron las piedras, excavaron también el suelo: los 56 agujeros de Autrey, los 30 agujeros, los 29 agujeros, 56,30,29… ¿A qué podía corresponder esta sucesión de números? Entonces Hawkins se acordó del “año metónico”, según el cual el astrónomo griego Metón observó que cada 19 años, o mejor dicho cada 18.61 años, la Luna llena caía en las mismas fechas del calendario solar y que los eclipses obedecían al mismo ciclo. Estos 18.61 años multiplicado por tres, el número mágico, daba los 56 años del primer número encontrado por Aubrey. Debemos de observar que el número 56 que vemos aparecer en Stonehenge por primera vez en la historia de la humanidad es el número de la alquimia, la masa del isótopo estable del hierro. Lo mismo ocurrió con el número 30 y 29: el mes lunar es de 29.53 días y dos meses lunares suman una cifra redonda de 59 días que coinciden con la suma de 30 + 29 y que, además, corresponderían a las 59 piedras azules. Las correspondencias continuaron hasta quedar establecido que Stonehenge era un observatorio y un calendario; pero Hawkins hizo otra observación: Stonehenge se encuentra en la estrecha porción del hemisferio Norte donde los acimuts del Sol y de la Luna, en su declinación máxima, forman un ángulo de 90 grados. El lugar simétrico, en el hemisferio Sur, serían las islas Malvinas y el estrecho de Magallanes. ¿Acaso sabían los constructores de Stonehenge calcular la longitud y la latitud? [6] El tema sobre la latitud y longitud y las dificultades que hubieron para calcularse por los antiguos está explicada detalladamente en el libro “1421 el Año en que China descubrió el mundo”[7]

(iii) Apreciación Histórica.
Existe una creencia bastante generalizada de que los druidas construyeron Stonehenge, peo no es así. Éstos eran sacerdotes que tuvieron su apogeo en la edad de Hierro, esto es, en los siglos inmediatamente anteriores a la ocupación Romana de Gran Bretaña en el año 43 d.C. La relación entre Stonehenge y los druidas surgió a raíz de los escritos de estudiosos de la antigüedad en los siglos XVII y XVIII, entre los que figura William Stukeley (1687-1765). Este estudioso dedujo correctamente que no había sido construido por los romanos o los daneses, sino por los pueblos que habitaron Gran Bretaña antes de la llegada de los romanos. También reconoció que se trataba de un templo. Los templos requieren de sacerdotes y los únicos sacerdotes de la antigüedad de los que Stukeley tenía conocimiento eran druidas, que eran suficientemente descritos por los autores romanos. Todo esto era razonable, pero erróneo. En realidad, históricamente visto, los druidas no aparecieron hasta que hubo transcurrido más de un milenio del abandono de Stonehenge.[8]

Pero por otro lado, hay autores como Manly Hall, que persisten en su definición de Stonehenge como un templo druídico: “Los templos de los druidas o lugares religiosos de adoración no estaban organizados como las tradiciones de otras naciones. La mayoría de sus ceremonias eran realizadas durante la noche, ya sea en la foresta o alrededor de altares abiertos erigidos por gigantescas piedras cortadas… y Stonehenge, al sur-oeste de Inglaterra es una muestra. Esta estructura erigida en una formación astronómica todavía se mantiene erecta como una maravilla de la antigüedad.” [9]

Otros autores, admitiendo su ignorancia sobre fechas exactas de la aparición de los Druidas en Bretaña, indican que es posible que éstos migraran a Gales y luego a Bretaña desde el Mediterráneo o África del Norte, en algún momento de la edad de Bronce. Esto lleva a la especulación de que ya sea que fueran influenciados por las enseñanzas de Pitágoras (alrededor de 500 a.C.), las cuales se expandieron desde la Grecia clásica a Alejandría y luego al resto del mundo occidental, los Druidas creían en la re-encarnación, la trasmigración de las almas, y lo sagrado de todo tipo de vida, animal o humano. Existen también sorprendentes revelaciones de un viajero griego llamado Aristeas de Proconessus, quien visitó Bretaña (o un país que pudo haber sido Bretaña) y encontró allí un lugar donde los hombres adoraban al dios Hiperbóreo Apolo en un templo de circular de piedra en el medio de las praderas. ¿Era Stonehenge? Posiblemente, ya que las descripciones coinciden. Pero, ¿Eran estos Druidas? En efecto, los Druidas aparentemente adoraban al Sol.

(iv) Apreciación Pre-Histórica.
Es muy importante que entendamos la leyenda ya que siempre está compuesta por trozos de verdad. Según Geoffrey of Monmouth en su “Historia de los Reyes de Britania”, escrito en Latín en 1136, nos cuenta que su historia comienza en el año 1200 a.C. en el mundo épico de Romanos y Griegos. Se cuenta que después de la caída de Troya, una de sus princesas, Aeneas, migró a Italia con una parte de sus compatriotas refugiados. Más tarde Brutus, bisnieto de Aeneas, dirigió un grupo de Troyanos hacia Bretaña. La isla entonces llamada Albión, estaba deshabitada, excepto por unos pocos gigantes, pero los Troyanos tomaron posesión de la isla matándolos, y Albión fue renombrada por los Troyanos como Britania, en honor del líder Brutus – un buen ejemplo de etimología medieval. Los colonizadores y sus descendientes fueron, de esta manera, llamados Británicos y Brutus se convirtió en su primer rey, fundando su capital al lado del río Tames. Esta fue la Nueva Troya, posteriormente llamada Londres. Geoffrey luego describe los reinados de 75 reyes, casi todos producto de su imaginación: uno de ellos llamado Bladud, quien se construyó un par de alas para volar y sostuvo el primer accidente aéreo, después de Bladud sigue su hijo Leir o Lear, cuyos problemas con sus hijos se convirtieron en tema para Shakespeare, quien floreció, según tenemos entendido, en el siglo VIII a.C. hasta, finalmente la conquista de los Británicos por parte de los Romanos.[10]

Dice Geoffrey que el Chorea Gigantum o Danza de los Gigantes, como llamaba a Stonehenge, fue construido en el siglo V a.C. por Aurelio Ambrosio y su hermano Uther Pendragón, padre del legendario Rey Arturo. Inicia su historia con una guerra entre los Británicos, dirigidos por Ambrosio, contra los Sajones que eran comandados por Hengist, el cual era odiado por haber matado a traición a 460 británicos. Después de vencer a Hengist, Ambrosio fue a las planicies de Salisbury donde estaban enterrados los masacrados y orando, prometió construir un monumento digno de aquellos héroes; sin embargo, incapaz de encontrar los apropiados constructores, llamó al mago Merlín para obtener su consejo. Merlín le indicó que se debería buscar un grupo de grandes piedras que embellecían las montañas de Irlanda llamadas “la danza de los gigantes”, ya que esas rocas, él explicaba, “poseían virtudes milagrosas y curativas contra muchas enfermedades”. Según Merlín, una raza desaparecida de Irlandeses gigantes había traído dichas piedras desde la distante África y que el agua que bañara dichas rocas adquiría propiedades curativas: los gigantes curaban sus heridas de guerra con hierbas tratadas con esa agua milagrosa. Ambrosio envió a su armada dirigida por Uther Pendragón a Irlanda, pero no pudieron mover las piedras por lo que Merlín, que los había acompañado, tuvo que emplear sus artes mágicas para moverlas y transportarlas a Inglaterra. Luego de erigirlas en su lugar, este monumento se convirtió posteriormente en el cementerio para el mismo Aurelio Ambrosio y para su hermano Uther Pendragón. Crónicas posteriores, con ciertas variaciones de esta historia de Geoffrey, se anidaron en el repertorio del folklore de Stonehenge.[11]

(v) Apreciación Cosmológica.
Muy pocos saben que al igual que los Aztecas, los Mayas creían que existían múltiples creaciones y que cada cual estaba marcada por un sol diferente. El calendario Maya documenta el inicio de la presente era entre Agosto 6 y Agosto 13 de 3013 a.C. Esta era, de acuerdo a este calendario, está calculada a finalizar el 21 de Diciembre del 2012. En su libro “The Mayan Factor”, el historiador y visionario José Argüelles, presenta un cronograma del tiempo: este inicio, en el 3013 a.C., corresponde con la época de los orígenes de Stonehenge, seguido muy poco después por la Gran Pirámide de Egipto. Esta era se inicia aproximadamente en el mismo período en que el maíz comenzó a ser ampliamente cultivado en México.

Los sitios sagrados de nuestros antiguos comparten una característica en común: todos ellos son lugares donde el espíritu se comunica. Para algunos el efecto es el de elevación de su conciencia, mientras que otros experimentan la visión de arquetipos o estados alterados; esto es, encuentros con lo divino. Virtualmente, todos los centros ceremoniales en Mesoamérica y Perú, incluyendo Teotihuacan, Machu Picchu, Palenque y Monte Albán, fueron construidos con el expreso propósito de comunicación divina, aún cuando no sabemos cómo fueron exactamente usados por nuestros antepasados o cuál era su propósito a nivel global. Quizá, como lo sugiere John Michell, ellas son partes de un complejo anillo de estructuras a través del globo. Una especie de red construida por seres divinos o por sociedades independientemente acicateadas por un impulso colectivo. Por otro lado, construcciones como la Gran Pirámide y Stonehenge fueron diseñadas como marcadores geodésicos que teóricamente alinean nuestro mundo con una más grande entidad cósmica.[12]

Según el libro “Tierra” de Bárbara Marciniak, los antiguos construían sus templos y estructuras megalíticas en lugares específicos, utilizando la acumulación de energía en vórtices. Cada uno de estos lugares tenía su especialidad: Los grandes círculos de piedra fueron utilizados como portales dimensionales hacia varios sistemas solares, especialmente el de Sirio, de las Pléyades y de Arturo. Las piedras fueron situadas en una configuración específica que utilizaba la luz como llave para atraer estas energías estelares hacia la Tierra. De este modo, un intercambio de información fue posible gracias a la cadena hombre-tierra-estrellas. Lugares como éstos ofrecieron la energía de la fertilidad y las parejas viajaban hasta ellos para concebir, creando así, vida energetizada y caracterizada por los vórtices. Así mismo fueron diseñados otros lugares para funcionar como emisoras, como calendarios o como oráculos para predecir el futuro y expandir la realidad.

A partir de 1980 comenzaron a aparecer figuras geométricas grabadas sobre los campos de trigo cerca de Stonehenge. Las formas de inteligencia que dibujan estos símbolos geométricos son producidas por sonido y hablan directamente a la conciencia de las masas. Estos grifos están ocasionando que los científicos se preocupen por tratar de explicar estos fenómenos, mientras que la gente está siendo afectada positivamente: todo es un juego de energías y mensajes. La Tierra está siendo despertada y las antiguas estructuras están ya jugando el papel que les correspondía para estas épocas. La geometría y las matemáticas, junto con los conocimientos planetarios y estelares, son la base para la construcción de los portales dimensionales. Stonehenge y otras maravillosas estructuras como la Gran Pirámide, Machu Picchu y Tiahuanaco sirven de portales a otras dimensiones basadas en la geometría sagrada y que confunden a la ciencia moderna.[13]

(vi) Apreciación Masónico-Filosófica.
La geometría transmite su propia enseñanza cuando se manifiesta en forma física. Tiene su impacto y se produce una transmisión instantánea de energía de la forma geométrica al cuerpo físico. Esto es un regalo de los dioses a los seres humanos para que puedan crear ideales más elevados. La geometría de los dioses es traducida a una geometría que existe en forma tridimensional: Forma y tamaño irradian la esencia de la geometría sagrada creando así un conocimiento que se transmite de dimensión a dimensión. La geometría sagrada es la estructura morfogénetica detrás de la realidad misma, sobresaliendo incluso sobre las matemáticas. La mayoría de los físicos y matemáticos sienten que los números son el lenguaje primario de la realidad; pero es realmente las formas que generan las leyes físicas.

Bob Frisell menciona en su libro “Nada en este libro es verdad, pero es exactamente como las cosas son” que Drunvalo Melkisedek le contó que Thoth se le apareció por varios años en sus meditaciones y, entre otras cosas, le mencionó que la geometría sagrada es el emblema de la realidad en todo el cosmos, que es a veces llamado el “lenguaje de la luz” o “el lenguaje del silencio”. De hecho, la Geometría Sagrada es un lenguaje, un lenguaje a través del cual todo fue creado. Digo más: El Ojo Derecho de Horus y la sagrada geometría contenida dentro de Él son la información perdida. Esta información es “la integración del cerebro izquierdo con el derecho”, se trata de “convencer” al cerebro izquierdo o el lado masculino, calculador y pensante, que existe sólo UNO y UN sólo espíritu que se mueve a través de todo. Una vez que el cerebro izquierdo se convenza, entonces la integración comienza a tomar lugar y empezamos a movernos de la polaridad (dualidad) a la unidad de conciencia.[14]

A través de estas páginas hemos visto que realmente la idea de que Stonehenge fue construida por una organización masónica hace 5000 o más años no está tan fuera de lugar como se nos podría imaginar en primera instancia. Para poder evaluar esta sugerencia, uno debe comparar las prácticas y creencias que acabamos de enumerar con las nuestras. Y, sin lugar a dudas, podríamos deducir que son muy similares. Pero debo de hacer una explicación del concepto de que “una organización masónica la construyó” versus la concepción de lo que es una organización masónica tal como la entendemos nosotros.[15]

Serge Raynaud de la Ferriere en su obra, “El Libro negro de la Francmasonería”, ubica el inicio de la masonería oficial hacia 1641. Si tomamos esta fecha como referencia en vez de la de 1786, cuando se crea el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, estaremos empezando a posicionarnos correctamente dentro de la tesis de este trabajo ya que estaríamos hablando, no sobre un rito específico, sino sobre las creencias masónicas más importantes que es el ser un rito SOLAR, más que de las formas y ceremonias propias de cada uno de los más de 200 ritos que existen o existieron alrededor de la masonería en los últimos casi 400 años.[16]

Esto quiere decir que los hombres, al fin y al cabo, no se pusieron de acuerdo: cada uno creyó tener la verdad o simplemente recibieron distintos tipos de inspiración. El punto es que, definitivamente, la pre-historia de la masonería se remonta a la antigüedad de los tiempos y no se le puede poner límites. Me explico: Si es un rito solar significa que es obvio que existe una relación extremadamente cercana entre los ritos que creemos se practicaron en Stonehenge y los que los masones realizan. Hagamos un repaso de esos principios:

1· Los constructores de Stonehenge, sean Druidas, Merlín o Gigantes de la antigüedad; sean terrestres, híbridos o extra-terrestres, tenían un objetivo común que los unía. A los masones los une una idea, una visión, y construyen un templo interior tenida tras tenida.
2· La gente de Stonehenge practicaba rituales y ceremonias para unirse a sus dioses en la misma manera que los masones lo hacen para estar más cerca del Gr.´. A.´. del Universo.
3· Los constructores de Stonehenge requirieron conocer muchas de las ciencias y artes liberales que los masones deben de conocer: Geometría, Astronomía, Aritmética, etc.,
4· Stonehenge es una obra de arte de arquitectura. Arquitectura es una de las bases fundamentales de la masonería.
5· La orientación y objetivos de Stonehenge está íntimamente orientada al movimiento y posición del sol, la luna y los astros. Así mismo la composición y el movimiento de los miembros de una logia.
6· La orientación de Stonehenge o punto focal está orientada en una dirección Norte-Este. Esta dirección es muy importante para los masones.
7· Las piedras claves de Stonehenge están ubicadas con precisión en direcciones apropiadas y relacionadas con el cosmos. Los Dignatarios y oficiales de una logia están ubicados con relación a los astros.
8· Los constructores de Stonehenge dieron una importancia vital a la muerte: Stonehenge está rodeado de montículos buriales e incluso, dentro de su círculo se han encontrado esqueletos a través del tiempo, y aún se siguen encontrando. La Masonería da una especial importancia al aspecto de vida, muerte e inmortalidad.
9· La construcción de Stonehenge se remonta a hace 5000 años y por consiguiente, la masonería entendida de esta manera sería igualmente contemporánea.[17]

Por todas estas consideraciones podríamos concluir que hay una gran similitud y que, en efecto, la masonería podría remontarse a los albores de la humanidad. Personalmente siento que al ser la masonería un medio, un camino, y que al proporcionarnos a través de los distintos grados una serie de símbolos para que ejerzan su función de “despertarnos” a un nuevo estado de conciencia, que estos símbolos sólo pueden ser accesibles si poseemos las llaves para conectarnos a ella. Si entendemos que la luz es la llave para este objetivo y si comprendemos que la luz sólo puede ser obtenida si realizamos correctamente nuestros ritos y ceremonias; entonces, debemos de entender que la clave de nuestra evolución a través de la masonería es: Amar a Dios y a su creación ya que al ser nosotros parte de Él, no puede existir división entre nuestro prójimo y nosotros mismos. Nosotros somos Él y Él está en nosotros, y la madre tierra que nos hospeda es Él también. Simple.

Para poder lograr este estado es necesario primero, entender que nuestro templo y sus enseñanzas vienen de seres antiguos que nos indicaron cómo hacerlo y que quizás el hombre, que por definición es dual, creó a través de los siglos diferentes formas de aprenderlo. Y aún dentro de la masonería hay tantas formas de entenderlo, y perdió las claves en la lucha entre la mente y el espíritu. No nos equivoquemos, somos espíritus creyendo ser materia. Por consiguiente, entendamos la dualidad NO como lo verdad imperecedera, sino como el error de la separación. Nuestro cerebro izquierdo tomó control y bloqueó la comunicación con nuestro lado derecho. Desde entonces, luchamos por la reunificación sin entender que detrás del EGO enraizado en la razón, existe una tremenda fuerza a la cual el ego se opone con éxito ayudado por nuestras limitaciones y debilidades, por nuestros vicios e imperfecciones, evitando que lleguemos al entendimiento y a la luz. Esa fuerza escondida se llama ESPIRITU. Esa fuerza que existe dentro de nosotros que es una extensión de Dios y su medio de comunicarse con nosotros, nos susurra dulcemente al oído, pero no la escuchamos sumidos en el fragor del ego, de la lucha por el poder y el reconocimiento, de creernos conocedores de la verdad hasta pensar en nuestra vanidad que la masonería es un objetivo. Nuestros antepasados adoraban al sol, a la luna; amaban a la tierra, a sus hermanos.

Dejemos pues de lado nuestros prejuicios y egoísmos; perdonémonos ya que no existe culpa alguna en estar fragmentados y divididos: ese error ya ocurrió hace eones y después de esa gran explosión (big bang) de separación de Dios, en ese misma fracción de segundo divino, retornamos a ÉL. El problema es que para poder entender ese MILAGRO tuvimos que recorrer el camino de nuevo, en forma de tiempo-espacio, en la única dimensión en que podía ser experimentado: la tercera dimensión. Y ello nos está tomando toda una larga sucesión de retornos y de transmigraciones. Si entendemos esta paradójica situación lograremos lo que los antepasados y nuestros hombres sabios de las planicies y las montañas logran desde hace milenios, desde círculos de piedras hasta pirámides: “aprisionar” al tiempo-espacio y dar los saltos cuánticos dentro de un ciclo de vida humana hacia el futuro de sus conciencias en pos de la luz, del espíritu, de la unidad.

BIBLIOGRAFIA 
[1] Richards, Julian. “Stonehenge”. Ed. English Heritage, London, 2005. pp: 3-7, 33-37
[2] Newall, R.S., F.S.A. “Stonehedge , Wiltshire”. Ed. Her Majesty´s Stationery Office, London, 1959. pp.1-5
[3] Ibis 1. pp. 9-11
[4] Michell, John. “Secrets of the Stones – The Store of Astro-archaelogy”. Ed. Penguin Books, USA, 1977. pp. 19-27
[5] Hawkins, Gerald S. “Stonehenge Decoded”. Ed. Dell Publishing Co., NY 1965.,
[6] Pauwels, Louis y Bergier, Jaques. “La rebelión de los brujos”. Ed. Plaza & Janes. Barcelona, 1988 pp. 101-109
[7] Menzies, Gavin. “1421 El año en que China descubrió el mundo”. Ed. Random House Mondadori. Barcelona, 2005.
[8] Ibis 1. pp. 19
[9] Hall, Manly. “Secret Teachings of all Ages”. Ed. The Philosophical Research Society. USA. 1977. p. 23
[10] Ashe, Geoffrey. “The Discovery of King Arthur”. Ed. Anchor Press/Doubleday, NY, 1985. Part I, A legend and its roots – The Kingmaker. pp. 1-18
[11] “Mystic Places – Mysteries of the Unknown”. Ed. Time-Life Books. Alexandria, Virginia. 1987. pp.80-94
[12] Bluestone Polich, Judith. “Return of the children of Light”. Ed. Bear & Company, New Mexico-USA, 1999. pp.48, 113-115.
[13] Marciniak, Bárbara. “Tierra - Las claves Pleyadianas de la biblioteca viviente”. Ed. Obelisco. Barcelona 1999. pp.82-102
[14] Frisell, Bob. “Nothing in this book is true, but it´s exactly how things are”. Ed. Flog, Berkeley, California. 1994. pp. 67, 73-74
[15] Herner, Rusell A. “Stonehenge, An ancient Masonic Temple”. Ed. Macoy Publishing, Richmond, Virginia, USA. 1984. pp. vii, 20-22.
[16] La Ferriere, Serge Raynaud de. “El Libro Negro de la Francmasonería”. Ed. Diana. México. 1985. pp. 21, 35-50.
[17] Ibis 15. pp. 23-24